Circunstancias. Una no puede crearse expectativas porque la cagas. Escatológicamente hablando. Por alguna razón o señal, al final, mi eclipse personal ha sido de terraza. Lo confieso.
No os voy a contar los detalles que son de Carpanta, temperatura extrema y humedad. Fue la noche anterior, tórrida del Maresme costero, ya perdidos casi un par de kilos (ni dieta, ni ná) gracias al sudor contínuo de tantas horas y sin solución con agua en vena, ni hóstias… Cuando hubo giro de planes, por narices.
A veces, ponemos la tirita antes de la herida, controlando y actuando por delante de lo que podría no pasar nunca. Yo estaba prepará. ¡ Eclipse desde el Mare Nostrum! Muuu romántico, oye. Desconexión absoluta entre corazón y físico, adiós expectativas.
Soy insómnica total, palabro que me identifica totalmente. Ya llevaba otra noche del loro anterior a la anterior. Y esta prometía, en mimetismo con el sudor contínuo corporal que protegía mis órganos vitales… Como resultado: piltrafa total. Arrastrante. Mi metro y medio se convertía en medio metro absoluto, perspectiva gravedad 0. Cuál reptil barriobajero.
Al final, “ Estuve en un barco, de nombre extranjero…” Igual no es esa la canción. Pero hubo cena romántica en un italiano al que se le había pasado la pizza… ¡ Salada de collons!
Y venga a sudar. No había Dove desodorant que lo arreglara.
Vuelta al búnker/ loft a las dos de la mañana. Y, os aseguro, que en la AP-7, no había un alma. Desde el Masnou a mis lares era otro planeta. ¿ Vaticinio del eclipse del siglo o no?
Deciros que hacia las 20:30h aprox., miércoles 12 de agosto de 2026, mi terraza barroca con su piscina de “a rodilla y ropa tendida”… Comienza a oscurecerse. Se acallan bragas y trapos de cocina, acojonaos.
Así que, emocionada, descorcho mi cava, celebrando tal evento. Y es que en el mismo día que la noche se presenta dos veces, hay que brindar por ello.
¡Feliz eclipse totalis, niñ@s!
¡Nos vemos en el siguiente, hacia 2180, bonicos!
